Fundador-Acarya, Su Divina Gracia A.C Bhaktivedanta Swami Prabhupada
Sociedad international para la Conciencia de Krishna
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El yoga como restablecimiento de la relación con Krsna  
 
Parte 7

Hemos oído hablar muchas veces del sistema de yoga. Este sistema está aprobado por el Bhagavad-gita, pero el sistema de yoga del Bhagavad-gita está especialmente concebido para obtener la purificación. La aspiración es triple: controlar los sentidos, purificar las actividades y vincularse a Krsna en una relación recíproca. La Verdad Absoluta se comprende en tres fases: como Brahman impersonal, como Paramatma (Superalma) localizado, y finalmente como Bhagavan, la Suprema Personalidad de Dios. En último análisis, la Verdad Absoluta Suprema es una persona. Al mismo tiempo, Él es la omnipresente Superalma, que está en el corazón de todas las entidades vivientes y en el centro de todos los átomos, y al mismo tiempo es el brahmajyoti o refulgencia de la luz espiritual. Bhagavan, Sri Krsna, está colmado de toda opulencia como Suprema Personalidad de Dios, pero al mismo tiempo está colmado de toda renunciación. En el mundo material vemos que quien tiene gran opulencia no está muy inclinado a abandonarla, pero Krsna no es así. Puede renunciar a todo y seguir estando completo en sí mismo. Cuando se lee o se estudia el Bhagavad-gita bajo la guía de un maestro espiritual, no debemos creer que este maestro espiritual está exponiendo sus propias opiniones. No es é1 quien habla. Él no es más que un instrumento. Quien habla realmente es la Suprema Personalidad de Dios, que está tanto dentro como fuera. Al comienzo de su discurso sobre el sistema de yoga, en el sexto capítulo del Bhagavad-gita, Sri Krsna dice:

 
anasritah karma-phalam
karyam karma karoti yah
sa sannyasi ca yogi ca
na niragnir na cakriyah
 

"Aquel que no está apegado al resultado de su esfuerzo y que actúa según su deber, está en la orden de vida de renunciación y es el verdadero místico; no aquel que no enciende ningún fuego ni ejecuta ningún trabajo." (Bg. 6.1) Todos ejecutan actividades y esperan algún resultado. Cabe preguntar: ¿Para qué sirve actuar si no se espera resultado alguno? Los trabajadores piden siempre una remuneración o salario. Pero aquí, Krsna indica que es posible actuar simplemente por un sentido del deber, sin esperar resultados del esfuerzo. Si se actúa de esta manera, se es realmente un sannyasi; se está en la orden de vida de renunciación. Según la cultura védica, en la vida hay cuatro fases: brahmacari, grhastha, vanaprastha y sannyasa. Brahmacari es la vida de estudiante, consagrada a prepararse en la comprensión espiritual. Grhastha es la vida del jefe de familia casado. Después, al llegar a los cincuenta años, aproximadamente, se puede tomar la orden vanaprastha, es decir, se pueden dejar hijos y hogar y marchar de peregrinación a lugares santos en compañía de la esposa. Finalmente, se abandonan esposa e hijos y se vive en soledad para cultivar con ciencia de Krsna. A esa fase se la llamada sannyasa, es decir, la orden de la renunciación. Sin embargo, Krsna dice que para un sannyasi, la renunciación no lo es todo. Tiene que haber además alguna obligación. ¿Cuál es entonces la obligación del sannyasi, del que ha renunciado a la vida de familia y ya no tiene obligaciones materiales? Su deber es de la mayor responsabilidad. Su deber es actuar por Krsna. En realidad, éste es el verdadero deber en todas las fases de la vida. En la vida de toda persona hay dos deberes: uno es servir a la ilusión y otro servir a la realidad. Cuando se sirve a la realidad, se es un verdadero sannyasi. Y cuando se sirve a la ilusión, se está engañado por maya. Hay que comprender, sin embargo, que en toda circunstancia se está obligado a servir. O se sirve a la ilusión o se sirve a la realidad. Por su propia constitución la entidad viva es sirviente, no amo. Alguien puede pensar que es el amo, pero realmente, é1 es un sirviente. Cuando se tiene una familia se puede creer que se es el amo de la mujer, de los hijos, o del hogar, negocios, etc., pero todo ello es falso. En realidad se es el sirviente de la mujer, de los hijos y de los negocios. El presidente puede estar considerado como el amo del país, pero realmente es el sirviente del país. Nuestra situación es siempre la de sirviente, ya sea de la ilusión o ya sea de Dios. Sin embargo, si nos quedamos en la condición de sirviente de la ilusión, nuestra vida se habrá malgastado. Por supuesto, todos creen que no sirven a nadie, que están trabajando para ellos mismos. Aunque los resultados de sus esfuerzos sean pasajeros e ilusorios, les obligan a ser sirvientes de la ilusión, o sirvientes de sus propios sentidos. Pero cuando los propios sentidos trascendentales despiertan y la persona se sitúa realmente en el nivel del saber, comprende que, en toda circunstancia es un sirviente. Puesto que no le es posible ser amo, está en mejor posición sirviendo a la realidad que sirviendo a la ilusión. Cuando alguien se da cuenta de esto, alcanza el nivel del saber verdadero. Por sannyasa, la orden de vida de la renunciación, indicamos a los que han alcanzado este nivel. Ser sannyasa es una cuestión de comprensión espiritual, no de nivel social. El deber de todos es ser conscientes de Krsna y servir a la causa de Krsna. Cuando alguien comprende realmente esto, entonces se convierte en un mahatma, o gran alma. En el Bhagavad-gita, dice Krsna que después de nacer muchas veces, cuando alguien alcanza el nivel del saber verdadero, "se entrega a Mí". ¿Por qué? vasudevah sarvam iti. El sabio se da cuenta de que "Vasudeva (Krsna) lo es todo!" Sin embargo, Krsna dice que esta gran alma es muy difícil de encontrar. ¿Por qué? Si una persona inteligente llega a comprender que la meta final de la vida consiste en entregarse a Krsna, ¿por qué ha de vacilar? ¿Por qué no entregarse inmediatamente? ¿De qué sirve esperar durante tantas vidas? Cuando se llega al punto de entregarse, se llega a ser un verdadero sannyasi. Krsna nunca impone a nadie el que se Le entregue. La entrega es consecuencia del amor, del amor trascendental. Donde hay imposición y donde no hay libertad, no puede haber amor. Cuando una madre ama a su hijo, nada se lo impone, ni lo hace a la espera de una remuneración o salario. Igualmente, podemos amar al Señor Supremo de muchas maneras: podemos amarle como amo, como amigo, como hijo o como marido. Hay cinco rasas, o tipos de relación básicos por los cuales estamos eternamente vinculados a Dios. Cuando realmente llegamos a la fase liberada del saber, podemos entender que nuestra relación con el Señor pertenece a un rasa determinado. Este nivel se llama svarupa-siddhi, o verdadera comprensión espiritual del yo. Todos tienen una relación eterna con el Señor, bien como amo y sirviente, amigo y amigo, padre e hijo, marido y mujer, o amante y amada. Estas relaciones están presentes eternamente. El proceso entero de la comprensión espiritual y la verdadera perfección en yoga consiste en revivir nuestra conciencia de esta relación. Ahora mismo, nuestra relación con el Señor Supremo se refleja deformada en este mundo material. En el mundo material, la relación entre amo y sirviente se basa en el dinero, en la fuerza o en la explotación. De servir por amor, ni se habla. La relación entre amo y sirviente, reflejada de forma deformada, dura sola mente mientras el amo pueda pagar al sirviente. Tan pronto como el pago se interrumpe, también se interrumpe la relación. De un modo parecido, en el mundo material, puede que haya una relación entre dos amigos, pero en cuanto hay el más ligero desacuerdo, se rompe la amistad y el amigo se convierte en enemigo. Cuando hay una diferencia de opinión entre padres e hijo, el hijo abandona el hogar y se corta la relación. Lo mismo entre marido y mujer; basta una ligera diferencia de opinión y se llega al divorcio. Ninguna relación en este mundo material es verdadera o eterna. Debemos recordar siempre que estas relaciones efímeras son sencillamente reflejos deformados de esa relación eterna que tenemos con la Suprema Personalidad de Dios. Tenemos la experiencia de que la reflexión de un objeto en un espejo no es real. Puede parecer real, pero cuando vamos a tocarlo encontramos que sólo es un cristal. Debemos llegar a comprender que estas relaciones como amigo, padre, hijo, dueño, sirviente, marido, mujer o amante, son sólo reflejos de la relación que tenemos con Dios. Cuando llegamos a este nivel de comprensión, hemos alcanzado la perfección en el saber. Cuando nos llega este saber, comenzamos a entender que somos sirvientes de Krsna y que tenemos una eterna relación de amor con Él. En esta relación de amor, no se trata de buscar remuneración, pero sí que la hay ciertamente, y es mucho mayor que todo lo que podamos ganar aquí prestando nuestro servicio. No hay limite para la remuneración que da Sri Krsna. A este respecto tenemos la historia de Bali Maharaja, un rey muy poderoso que conquistó gran número de planetas. Los habitantes de los planetas celestiales apelaron al Señor Supremo para que les salvase, porque les había conquistado el rey demoníaco Bali Maharaja. Al oír aquellas suplicas, Sri Krsna tomó la forma de un muchacho brahmana enano, y fue a ver a Bali Maharaja diciéndole: "Mi querido rey, quisiera pedirte algo. Tú eres un gran monarca y se te conoce por tu generosidad con los brahmanas, así pues, ¿querrías darme algo?" "Te daré lo que quieras", respondió Bali Maharaja. "Tan sólo quiero el terreno que pueda recorrer con tres pasos", dijo el chico. "¡Oh! ¿Eso es todo?", respondió el rey. "Y ¿qué vas a hacer con ese pedazo de tierra tan pequeño?" "Aunque sea pequeño me bastará", dijo el muchacho sonriendo. Bali Maharaja accedió a ello y el muchacho enano dio dos pasos y recorrió el universo entero. Entonces preguntó a Bali Maharaja dónde iba a dar el tercer paso, y éste, al comprender que el Señor Supremo le mostraba Su merced, contestó: "Mi amado Señor, ahora lo he perdido todo. No tengo más propiedades, pero si tengo mi cabeza. Por favor, ¿quisieras poner Tu pie sobre ella?" A Sri Krsna Le agradó mucho lo que dijo Bali Maharaja, y le preguntó: "¿Qué quieres de Mí?" "Yo nunca pensó en pedirte nada", dijo Bali Maharaja. "Pero creo que Tú querías algo de mí, y ahora Te he ofrecido todo" "Sí", dijo el Señor, "pero por Mi parte, tengo algo para tí. Seré siempre un ordenanza en tu corte." Y de esta manera, el Señor fue el portero de Bali Maharaja, y ésta fue su recompensa. Si ofrecemos algo al Señor, Él nos lo devuelve multiplicado millones de veces. Pero no tenemos que buscar esto. El Señor siempre está deseoso de devolver el servicio de Su sirviente. Todo aquel que piensa que el servicio del Señor es realmente su deber, posee el conocimiento perfecto y ha alcanzado la perfección del yoga.

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